¿Conoces Yucatán?

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Yucatán Tierra de Maravillas.

Yucatán es un estado de la República Mexicana con atracciones muy interesantes para los viajeros, entre ellas podemos sorprendernos con sus sitios arqueológicos como Uxmal, Chichén Itzá y Dzibilchaltún, a parte de las ciudades coloniales con historia como Mérida e Izamal.

Dentro de Yucatán existen diferentes reservas ecológicas, las más conocidas son Celestún y Río Lagartos, en donde se reúnen más de 400 especies de aves y además hay establecimientos gastronómicos de lujo y spas de alto nivel.

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Puede decirse que Yucatán es la cuna de la cultura maya con un legado histórico muy rico y variado. Es interesante conocer los diferentes centros ceremoniales y los edificios de piedra labrada y una arquitectura realizada a la perfección.

Algunas de las zonas que nos muestran la herencia que han dejado las civilizaciones antiguas son: Chichén Itzá, Uxmal, Ek Balam, Dzibilchaltún. En estos lugares se pueden ver edificaciones antiguas, caminos y maravillas.

El Castillo De Chichén Itzá

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El Castillo se construyó en honor a Kukulcán, sin embargo algunos expertos en monumentos  mayas piensan que es posible que se haya edificado con el fin de adorar al Sol, puesto que cada una de las escaleras contiene 91 escalones, que da un total de 364, porque hay cuatro escalinatas, más otro escalón que tienen la plataforma superior, suman 365, que equivale al número de días que contiene un año solar. Cada uno de los lados de la pirámide consta de 52 tableros, exactamente el mismo número de años que comprende el ciclo tolteca. Los nueves muros escalonados, que integran los cuatro frentes del monumento, están divididos por escalinatas, que integran los cuatro frentes del monumento, que también están divididos por escalinatas, lo que da un total de 18 secciones, que corresponde a 18 meses del calendario maya.

El equinoccio de la víbora de cascabel

Después de varios años de investigaciones, se ha llegado a la conclusión de que la pirámide de Kukulcán estaba estrechamente relacionada con los equinoccios, ya que como los mayas eran expertos astrólogos y matemáticos, es muy posible que hayan edificado la pirámide con fines astronómicos.

Al observar los efectos que producen los rayos solares sobre la pirámide, se puede corroborar que durante el equinoccio de primavera ( 21 de marzo)  y el de otoño (22 de septiembre), hacia las 3 de la tarde, la luz solar se proyecta sobre la balaustrada principal. Esto produce como efecto que se formen siete triángulos isósceles, configurando el cuerpo ondulante de una serpiente de 34 metros de largo, la cual desciende hasta unirse con la enorme cabeza de piedra en forma de serpiente, ubicada al pie de la escalera.

Como resultado, cuando se mete el Sol se proyectan las sombras de los muros escalonados, simulando que es el reptil que se está moviendo. Este fenómeno dura aproximadamente diez minutos, y como es un gran espectáculo, muchas personas visitan Chichén Itzá, año tras año, para tener la oportunidad de poder verlo.

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Además es considerada como una de las nuevas 7 maravillas del mundo moderno.

En Yucatán hay 1600 zonas arqueológicas pero sólo algunas están abiertas al público.

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Pirámide del Adivino (Uxmal)

Un claro ejemplo de la cultura viva se refleja en sus artesanías, gastronomía, música, ropa, folclore lleno de color, sonidos, texturas.

 

Costumbres Yucatecas


La Vaquería

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En las tradicionales fiestas que realizaban los ganaderos, se ignora hace cuanto tiempo, en remembranzas de las clásicas verbenas españolas tuvieron lugar nuestras vaquerías en ocasión de la hiera de las reses y su acostumbrado recuento anual. Allí se bailaban las jaranas, una de las primeras variantes fue “El Torito.”
Es la vaquería yucateca en sí misma, bullanguera y excitante. Ellas deslumbrando con los destellos relampagueantes de sus circulares y policromos bordados en punto de cruz, por la cabeza la cinta de color que ajusta las negras trenzas cortadas o no por rectas crenchas, la altivez y donosura del breve sombrero vaquero y el rítmico cimbrear del taconeo de las zapatillas de raso bordado y ellos con el golpeteo chillante, persistente y varonil de las alpargatas de los morenos guachapeadores.

Las bombas

Luego de un rato de baile, alguien grita “Bomba”. Se detiene la orquesta, el baile se interrumpe para que alguno de los actuantes exprese los agudos decires de las “bombas”, cuartetas que pueden llegar a ser madrigalescas, descriptivas, satíricas, pero frecuentemente picarescas, donde aflora el innato sentido del humor del yucateco.

Algunas “bombas”

BOMBAS MADRIGALESCAS

BOMBAS QUE DESCRIBEN CIRCUNSTANCIAS EXTERNAS O IMPRESIONES SUBJETIVAS

En la puerta de tu choza
hay sembrado un tamarindo;
pero tú eres más hermosa
y tu semblante más lindo.
Cuando tú estás zapateando
con ritmo tan lindo y tierno
parece que estás bordando
con los pies tu lindo terno.
Con tu lindo zapateo
que te envidia el mismo suelo,
te juro mestiza hermosa,
que aplaude Dios desde el cielo.
Tú eres manteca
yo soy arroz
¡Qué buena sopa
haríamos los dos!

Hanal Pixán

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En Yucatán, entre los indios mayas, se observa una costumbre original que viene desde sus ancestros: costumbre netamente maya mezclada, después de la conquista, a prácticas piadosas conforme al ritual católico. Obra es ásta, de los franciscanos; quienes, no pudiendo desarraigar de golpe, en la raza conquistada, sus antiguos ritos idolátricos, toleraron ciertas prácticas que no se oponían al dogma: como honrar a sus muertos, ofrecer presentes, encender velas y quemar resinas aromáticas. Existe, pues, hasta la fecha entre los indígenas mayas, una práctica piadosa que tiene por origen la sagrada veneración que el indio tiene por sus deudos muertos, a quienes sepultan en el interior de sus hogares.

El entierro de sus deudos lo hacía cada habitante a espaldas de su casa, en un recinto o patio libre de malezas y bien barrido, donde era abierta una fosa y en la misma tierra, sin ataúd, colocaban el cadáver introduciéndole en la boca cierta cantidad de masa de maíz bien cocida, llamada “keyem” para que pudiera alimentarse mientras reposaba…. Hecho el entierro, colocaban una señal para identificar la tumba. Generalmente consistía ésta en un corralejo de dos metros en cuadro, hecho de varillas o palos: “coloc-ché‚”. Y en tiempos de la colonia marcaban aquellos sitios con una tosca Cruz de madera que colocaban dentro del cuadro.

Debido a esta práctica indígena de sepultar los muertos en casa para tenerlos cerca, a fin de poderles ofrendar presentes que consistían en alimentos, frutas y ceras, nació la costumbre de hacer en los días de difuntos los “pibil-uahes” o “mucbilpollos: vianda en forma de tamales envueltos en hojas de plátano con que obsequian, en esos luctuosos días, a las almas de sus parientes muertos. De ahí el “Hanal-Pixan”, que quiere decir: “banquete de las ánimas”.

La Cocina Yucateca

La cocina yucateca tan gustada y admirada por propios y extraños, es el resultante de dos culturas: la maya y la hispana.

Se puede afirmar que durante varias centurias, después de la Conquista subsisten, dos corrientes gastronómicas en las mesas peninsulares: la cocina española modificada por el medio, los ingredientes y los sustitutos que fue mucho tiempo el yantar de los criollos y descendientes de los blancos y sus servidores, siendo la otra maya tradicional, también influida por los frailes, excelentes gastrónomos, y su consecuencia mestiza que iba surgiendo.

Cuando en Europa se ingerían vituallas un tanto primitivamente, atendiendo más a la cantidad (bueyes, cerdos, ovejas, aves, todos enteros), en Yucatán los mayas ya salseaban sus viandas. Y es sabido que el aderezo es la máxima expresión del arte culinario.

Los mayas sazonaban sus comidas por medio de la trituración a la piedra de moler, de las semillas de calabaza, mezclada con su aceite y posteriormente con el tomate que trajeron del altiplano los grupos toltecas, teotihuacanos y putunes. Además de especiar con agua el chile quemado y molido, el chilmol. Usaban también muchas plantas de alegre sabor y delicioso condimento, como el achiote, chaya, epazote, diversas variedades de ají picante y sustancias derivadas del maíz.

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Productos Yucatecos

La Hamaca

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La hamaca, cuyo nombre en haitiano, hamac, significa árbol, fue bautizada por los conquistadores con ese nombre por haber encontrado en las Antillas las primeras hamacas tejidas con filamentos de corteza de árbol. Después fue empleada para su confección la fibra de varios agaves. La hamaca consistía en una red formada de hilos gruesos y anchos claros, pendiente en el aire entre dos troncos de árboles a modo de bolsa colgante, para recostarse a descansar y para mecerse en vaivén entre sus mallas.

No pudiendo los residentes hispanos soportar el intenso calor de Yucatán, sobre todo en verano, idearon convertir en cama esa suave hamaca de Santo Domingo. Y de aquí que se extendió tan rápidamente su uso, que a los pocos años de gobierno colonial, hasta los indios más pobres y miserables abandonaron sus camas de palos, sus esteras de esparto y sus tramas de sogas, para descansar entre la mullida y fresca red de cómodas hamacas.

Y entonces comenzó a perfeccionarse el procedimiento en su confección. Las primeras hamacas eran casi semejantes a una red de pescar y sus aberturas eran muy anchas entre nudo y nudo. No fue sino en Yucatán cuando, urgido el colono por la necesidad de perfeccionamiento, comenzó a inventar nuevos tejidos o mallas hasta hallar el que perdura a la fecha y que consiste en hilos entrecruzados que se distienden o aprietan a voluntad.

Elaboración de la hamaca

Se urde la hamaca en un bastidor que consta de dos largos palos de madera, cilíndricos y perpendiculares, como de cinco centímetros de grueso por cerca de dos metros de largo, colocados paralelamente uno enfrente del otro, a una distancia de metro y medio o dos metros, según el tamaño que se quiera dar a la hamaca. Estos palos se encajan sobre bases de madera fuerte y están unidos entre sí por dos largueros horizontales que penetran en sendas hendeduras hechas en los mástiles, asegurándose con cuñas; y acercándolos o retirándolos, se gradúa el tamaño de la hamaca.

Se empieza la labor por rodear en forma de madeja los dos palos verticales del bastidor con el hilo que se va a utilizar para el tejido. Ya que hay bastante hilo enmadejado, se toma una aguja o lanzadera labrada en madera fuerte o en hueso, en forma de barquichuelo, calada en el centro y en la que se ha devanado previamente el hilo y comienza la tejedora a entrecruzar éste con los hilos de la urdimbre y poco a poco se va formando la trama de malla característica. Antes de comenzar a tejerse la trama, se teje un borde en forma original que es lo que constituye la orilla de la hamaca.

Una vez terminada de tejer la hamaca con todo y sus bordes, se le ponen los brazos, que consisten en una serie de hilos enganchados en la extremidad de la banda tejida, siendo de metro y cuarto de largo cada uno; y que se anudan en los extremos haciéndose con el mismo hilo una especie de argolla en forma de pera, por donde pasan los lazos que son dos sogas bien corchadas con nudillos o borlas en sus extremidades, que se emplean para amarrar y tender las hamacas ya entre dos troncos de árboles, entre dos palmeras en los puertos de mar, o en los ganchos o hamaqueros (en maya pol-kan, cabeza de serpiente).

Se elaboran hamacas de mecate o hilo, de hilo fino de henequén, de cáñamo, de lienzo, de lona y de hilera, que es la hamaca más fina que se teje en Yucatán. Se urde con un hilo finamente corchado de algodón o de lino, es de varios colores que se combinan arbitrariamente en bandas con el blanco, dando preciosos ejemplares matizados al capricho.

La hamaca no es sólo un objeto de descanso, típico del trópico mexicano. Para quienes la elaboran y la utilizan dentro de su cultura cotidiana tiene muchos más usos y significados. 🙂

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La guayabera

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La guayabera es una prenda diseñada para climas tropicales por la tela con que se confecciona, es muy fresca, su accidentado origen tiene lugar en los cubanos. Se dice que a Yucatán llegó a principios del siglo XX y a pesar de no haber surgido en este estado es hoy en día símbolo de elegancia entre los habitantes de la región.

Se dice por parte de los historiadores que un hombre cubano pidió a su mujer costurera le confeccionara una camisa con los compartimientos adecuados para llevar en ellos “la fuma y otras cosillas”. Así, ella elaboró una camisa de tela fresca con dos bolsas a los costados, al verla los otros hombres quedaron sorprendidos, por el tamaño de dichas bolsas, que también solicitaron camisas similares.

Primeramente a esta vestimenta se le conocía como “yayabera” debido a que se utilizaba en la zona del río Yayabo, no obstante al notar que los hombres campesinos solían almacenar guayabas en las grandes bolsas, se le renombró como Guayabera.

Gracias a la calidad de tela con que se elabora (lino o algodón), la delicadeza de sus costuras y el aspecto tan fino que refleja, se ha convertido poco a poco en el predilecto  para los climas calurosos que además de brindar frescura refleja indudablemente la elegancia de quien la porta.

Desde entonces y hasta nuestros días la guayabera es utilizada por presidentes, gobernantes, entre otros célebres personajes en eventos de suma importancia, algunas personas visten de este traje para dar solemnidad a eventos sociales como bautizos, bodas, entre otros. Algo curioso es que en la actualidad ha cobrado gran demanda ya no solo con los hombres ilustres sino también por jóvenes, niños e incluso mujeres.

Con el paso del tiempo esta peculiar camisa ha ido cobrando cada vez más importancia, prueba de ello es que en el año 1880 el ayuntamiento de Sancti Spíritus otorgó la autorización oficial de usarla en eventos en los que únicamente se admitía el acceso a quienes portaran traje y corbata, dando así un punto más en elegancia y glamour a esta prenda. Poco después en ese mismo lugar otro alcalde en turno proclamó el 25 de julio como el Día de la Guayabera.

A mitad del siglo XX algunos candidatos a la presidencia de Cuba comenzaron a hacer uso de este traje al momento de recorrer las calles durante sus campañas, acto con que le dieron mayor difusión e importancia.

En algún momento se le logró combinar con una corbata de lazo para así poder hacer presencia en los actos más importantes del gobierno y ser portada en los salones gubernamentales.  Se le llevó al nivel de traje de corte al momento en que Ramón Grau asume el poder magistrado. Todas estas características han contribuido en su momento a la suma de características que dan a la Guayabera un lugar entre lo más selecto de la etiqueta en la sociedad, incluso grandes artistas cubanos y yucatecos han lucido este atuendo por todo el mundo dándola así a conocer en las regiones donde no se le tiene.

Las guayaberas cubren la parte superior del cuerpo, ya sea con mangas cortas o largas, adornadas con costuras verticales, y, a veces, con bordados, y que llevan bolsillos en la pechera y en los faldones. Se fabrican en tejidos de algodón, lino, seda o en telas sintéticas. Constituyen hoy en día una vestimenta de etiqueta en los países tropicales.

El Hipilnuestra generacion

Respecto a la vestimenta, el arqueólogo Sylvanus Morley , en su libro “La civilización Maya” , nos da una descripción del traje yucateco, basándose en fuentes históricas y menciona que aparentemente el vestido de la mujer maya no ha variado mucho desde la época prehispánica, y se lo conocía con el nombre de “kub”, palabra que en la actualidad se ha perdido ya que ahora se llama huipil , que es una palabra náhuatl .

La aseveración del arqueólogo se ajusta a la realidad, pues hoy el traje típico de la mestiza yucateca consiste precisamente en un huipil de batista de lino, de fino algodón de seda, siguiendo en todo el modelo aborigen maya:  el jubón sobrepuesto que cae volante, con dos aberturas laterales que simulan unas mangas cortas, quedando los brazos desnudos; un amplio escote cuadrado descubre parte del pecho, dejando desnudo el cuello. Este escote, en sus orillas, lo mismo que los bordes de la camisa, va orlado de cenefas bordadas de vivos colores.

El huipil propiamente tal o vestido blanco llega hasta media pierna y su borde inferior cae con gracia. El fustán , que se ciñe al talle y que sobresale bajo el huipil, tiene los mismos adornos y cenefas que éste y con él hacen juego, mostrándose ambos adornos uno debajo del otro.

Un terno femenino

Fustán, huipil y jubón conforman el típico traje regional yucateco conocido como terno , por las tres piezas que lo componen.

El terno , atuendo de fiesta de la población del campo, es uno de los símbolos que caracterizan a la cultura Yucateca.

El huipil o hipil , como ya dijimos,  es un vestido blanco, suelto, del mismo ancho desde arriba hasta media pierna, cosido lateralmente, con dos aberturas para los brazos y otra de forma cuadrada para la cabeza, las cuales, junto con la parte inferior del vestido están decoradas con vistosos motivos bordados, de igual forma que el jubón .

El jubón es un cuello cuadrado con un ancho de unos treinta centímetros sobrepuesto al huipil. El jubón es una pieza bellamente decorada con motivos bordados, su encanto radica en el escote cuadrado que deja libre parte del pecho y la espalda, con delicada audacia.

Debajo del hipil se usa una enagua larga y amplia llamada fustán ( “pic” en maya), que en ocasiones tiene bordada la parte inferior. Se ajusta a la cintura con una pretina de la misma tela, debajo del huipil, y llega a cuatro dedos de los tobillos, y está decorado con encaje y bordados.

En los pueblos yucatecos aún se puede observar la veterana, clásica estampa de una mestiza sentada en un banquillo, en el patio o a la puerta de la casa de paja, bordando pedazos de raso, chermés, dacrón o seda que más tarde engalanarán algún terno.

Un elegante terno de mestiza de buena casta se complementa con un fino rebozo de santa María y con el rosario de filigrana , que el orfebre yucateco realiza, tejiendo el oro con la magia de sus manos, convirtiéndolo en largas cadenas de tres y cuatro vueltas para adornar el cuello de la mestiza elegante, y a cuyo final pende la venerada cruz del Salvador .

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